27 octubre 2023

Orlando, mi biografía política. Un análisis poético de la película de Paul B. Preciado




Recién vista la película “Orlando, mi biografía política”, de Paul B. Preciado, reconocido filósofo español, más en el exterior de nuestro país que en nuestra tierra, tengo que declarar que he salido impresionado del cine. Estamos ante una brillante y bella interpretación actual de la novela “Orlando”, de Virginia Woolf, escrita en 1928, y que en su momento supuso un buen escándalo también, tal y exactamente como ahora en plena oleada de odio y reconocimiento legal a partes iguales de la realidad transgénero en nuestro país y en buena parte de los países europeos más avanzados.

Se demuestra que cuando se es un gran creador, intelectual o artista –como lo es Paul B. Preciado-, no son necesarios grandes medios económicos para construir una maravillosa obra de arte. Estamos ante un documental narrado en forma de autoficción donde una trama no secuencial de acontecimientos recrea los pasajes fundamentales de la novela “Orlando” original, en que los propios actores se van presentando ante los espectadores como personajes de ellos mismos encarnando al Orlando original que vive a través de los siglos varias de sus vidas. Y con medios técnicos sobrios le ha sido suficiente al director para levantar una hermosísima y delicada película.

Porque este “Orlando” es una mirada poética, sensible y de honda belleza, a la condición humana, a nuestros cuerpos, a la propia naturaleza –representada sobre todo por la vegetación, los árboles y bosques, las flores-, como símbolo de la metamorfosis constante que significa el vivir, el estar vivos, y el adaptarse a los cambios y a las identidades fluyentes. Porque somos el bosque, el árbol, la flor, el sexo, el cuerpo indistinto de hombres o mujeres o seres angélicos no binarios, en las palabras de los protagonistas. Porque he tenido la sensación y la experiencia viendo esta película de hallarme ante seres angélicos –sus protagonistas-, o bien superiores, trascendentes, no sé cómo describirlo, ante personas que vienen del futuro a nuestro presente como una avanzadilla de lo que está sucediendo ya, en palabras del director: la caída inevitable del imperio en ruinas del heteropatriarcado, que no puede otorgar ninguna seguridad a nadie, porque es un cadáver político.

Ese es otro de los hallazgos –porque esta película está construida como un poema discursivo acerca de la belleza del cuerpo, de todos los cuerpos posibles, de la metamorfosis que es la vida, y de lo natural de este hecho inevitable: mezcla en igual medida el discurso hondo, íntimo y testimonial de cada Orlando, la poesía del hecho misterioso de vivir, y la reflexión política más lúcida y radical.

Especial mención al hilarante pasaje de fina ironía donde el psiquiatra del orden hetero-patriarcal-colonial reproduce las sesiones con los diversos Orlandos y manifiesta lo absurdo y ridículo que es el patologizante diagnóstico de disforia, propio del siglo XIX, como la histeria femenina lo fue en el pasado. ¿Hablar de disforia para las personas transgénero hoy en día, en esta sociedad enferma y loca, ultraliberal, basada en la destrucción del medio ambiente y la economía de la guerra, la necroeconomía, como dice el propio filósofo, que mantiene a la población sedada y medicada constantemente con ansiolíticos y antidepresivos en el régimen farmacopornográfico, de nuevo en palabras del filósofo? Venga ya, hombre. Esto recuerda muchísimo a la demonización de las feministas con la revuelta planetaria del Me too, y a la legalización del matrimonio para personas de igual sexo, que iba a destruir la familia y propagar la pederastia indiscriminadamente.

Volviendo a la poesía y la delicadeza, y a lo natural que resultan los Orlandos hoy en día: todos los cuerpos son bellos, todas las identidades también, y las no identidades radicales asimismo también. Porque como bien se dice a lo largo de la película: el régimen médico que declara si somos hombres o mujeres es únicamente visual, el tamaño y los signos externos de los órganos sexuales. El no binarismo declara –con varios testimonios Orlandescos- que debería borrarse toda mención de sexo biológico en los documentos administrativos para terminar con cualquier discriminación entre las personas. Y al fin y al cabo, ¿ese no era un objetivo del movimiento feminista casi desde sus inicios, destruir el género?

En conclusión, estamos ante una recreación de una obra cumbre de la literatura universal, el “Orlando” de Virginia Woolf, bajo una óptica en igual medida clásica, intemporal, y rabiosamente moderna, política y radical, realmente tal y como fue toda la obra de Virginia Woolf. Se agradece también especialmente que el director haya incluido para los intérpretes a un buen puñado de personas transgénero o no binarias, de todas las edades, abarcando desde los 8 años a casi los 80, que han puesto su voz, su cuerpo y sus propias experiencias, para recrear estos modernos Orlandos. Y se agradece también la exquisita ambientación musical y los escenarios imaginarios de los pasajes clave de la novela, que nos llevan con la imaginación plenamente al territorio del amor, la comprensión, el asombro y la belleza.

No al odio. Así sea.



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