Vídeo de Youtube original de Sylvester: You make me feel
(mighty real)
https://www.youtube.com/watch?v=gD6cPE2BHic
Para los que deseen profundizar en la experiencia del baile, el amor y el sexo puro y hermoso en mi libro “Arte de la danza”, publicado por “Los libros del Mississippi”. Se puede adquirir pinchando aquí.
Aunque soy
poeta, mis lazos con la música disco, pop, tecno e industrial han sido y son
intensos, y creo que forman una pieza importante de la cultura popular y
juvenil, incluso vanguardista, muy a ser tenida en cuenta. Sobre todo en estos
duros tiempos de pandemia, para que no olvidemos el maravilloso hedonismo que
impregnó la cultura del baile de los años 70, el escenario diario y noctámbulo
de las discotecas y el amor puro, libre e indistinto que en ellas se pudo disfrutar, sobre todo las generaciones más jóvenes. Vaya por ellos esta
serie de artículos esperanzadores que he titulado “Living on the dancefloor”, y
que servirá para recordar que volveremos a vernos en las pistas de baile en un
futuro luminoso y volveremos a experimentar nuevos ritos de iniciación.
Sylvester fue una de las más altas exponentes de la música
disco de finales de los 70. Esta artista queer rompió brecha en el ambiente con
su imagen glamurosa, ambigua y drag. Su imagen jugó con ambos géneros, aunque
predominó su parte femenina, presentándose más frecuentemente como mujer, lo que le
supuso muchas dificultades incluso en el propio ambiente discográfico, a la
hora de editar sus trabajos. Gracias a su asociación con el
mítico músico Patrick Cowley (uno de los primeros en usar los sintetizadores a
finales de los 70) digamos que fueron los creadores del sonido “High Energy” que
posteriormente en los 80 prendió como la pólvora por las pistas de baile. Ambos se mudaron a San Francisco a principios de los 70, meca de
libertad creativa y sexual, especialmente para los gays y las lesbianas, donde
iniciaron una estrecha colaboración profesional.
En su famoso
hit “You make me feel (mighty real)”, grabado en una discoteca, Sylvester juega
magistralmente con los géneros. El tema comienza con ella, la auténtica Dancing
Queen, bajando la escalera de la disco, rezumando femineidad como una diosa de ébano.
Su voz dice: cariño, tú me haces sentir viva de verdad, cuando estamos bailando
y tu cuerpo se roza con el mío. Las gogós son chicas rubias en chándal deportivo,
bailando con sugerentes posturas sexuales entre ellas; la cámara enfoca la gran
bola de espejos giratoria, habitual en las discotecas de los 70, mientras los focos
de colores ponen el punto de mira en los danzantes, los auténticos
protagonistas del espectáculo nocturno, el que comienza bailando hasta la
madrugada y termina formando parejas o grupos en fiestas privadas o reservados.
Otra gogó negra con mallas ajustadas esplende su belleza semidesnuda.
De pronto ella es él, ahora vestido de blanco, con un abanico blanco y pantalones,
mientras dice: Ahora que vamos a casa es tarde de noche, la música suena dulce
y tú me besas la espalda, cariño, estamos muy calientes, y sé que me quieres,
que me amas, porque me haces sentir viva de verdad. Ahora son gogós masculinos,
camareros, también en ropa deportiva los que portando bandejas desfilan en círculos
por la pista, también rubios y guapos, como sus anteriores compañeras. La sutil
diferencia es que las que bailan en el vídeo son únicamente ellas, la carga
sexual está focalizada en ellas, los chicos son más bien decorativos,
digamos. Tras un característico falsete “high energy” vuelve a mudar de aspecto
y ahora es mujer con un vestido brillante y un pañuelo en la cabeza, abundantes
pulseras y su abanico blanco. Sylvester es la reina negra de la pista, alude en
las siguientes escenas a un deseo lésbico por las hermosas gogós que
bailan uniendo sus cuerpos. Su baile es la expresión de la unión de los mismos
sexos y géneros, no solo rubias sino también interraciales (hay chicas afros y
morenas). Los tacones de las botas de Sylvester se muestran negros, de cuero,
con cadenas metálicas, un tanto rockeras. Ese detalle sobre su cuerpo vestido
de mujer, mujer al fin y al cabo, sugiere su hondo deseo por el cuerpo de otra
mujer auténtica, quizá biológica o no qué más da, el juego del baile y los
sexos es un enigma, lo que atrae de la música y el cuerpo bailando de una mujer
semidesnuda es su belleza, en primer lugar, su piel, su resplandor suave, si
Sylvester representa al falso hombre, o al trasunto de hombre que puede amar a
una mujer, es feminizándose como puede acercarse de verdad a otra mujer y
transgredir el deseo, porque al fin y al cabo ambas son lesbianas, ese es el
espejo y esa la respuesta, dos cuerpos femeninos uniéndose, aunque uno de ellos
tenga otro sexo diferente. En el clip los guapos camareros masculinos se
reafirman como elemento decorativo en lo alto de otra plataforma, lejanos. Aquí
la carga sexual, repito, está focalizada sobre las mujeres, lo femenino. Sylvester
vuelve a interpelarnos, nos dice a nosotros, los espectadores, el espectador o
la espectadora en concreto, que la volvemos loca, que la hacemos sentir viva de
verdad. Porque si yo soy hombre y hetero, ella me gusta, porque es mujer, y eso
me atrae, pero ella me engañó, porque a veces se comporta y viste como hombre,
y eso me desasosiega, pero despierta en mí un deseo que me impulsa a querer
besarla (las demás chicas gogós me invitan a ello). Porque si yo soy mujer y
lesbiana –aunque no lo diga más que a los más allegados-, me gusta esta mujer
ambigua que juega desde su minusvalorada masculinidad a ser otra mujer y deseo
besarla (las demás chicas gogós me invitan a ello), porque esa transgresión de
apropiarme de su masculinidad también la deseo yo. Estos dos fogonazos –plasmados
en estas fantasías masculina hetero y femenina lésbica- se corresponden más o
menos fielmente con el sentir de aquella época de los hombres hetero y las mujeres lesbianas. El vídeo termina circularmente
como empezó, con la Reina de la Noche subiendo la escalera de la disco para
salir de ella –acompañada al fin, como todas las noches, por un o una amante,
quizá- mientras nos lanza un beso y nos susurra que nosotros la hacemos sentir
viva y hermosa.